SUEÑOS 13

sábado, 13 de junio de 2015

Estaba en un pueblo llamado Jerusalem, era una tarde gris y fría y yo huía de mi propia hermana quien no me recordaba como tal porque estaba yo en una vida pasada.

Mi hermana Ingrid era como la líder del pueblo y yo representaba una amenaza para la población. Yo corría desesperada por senderos sinuosos de tierra húmeda en medio de chacras y gente enviada por mi hermana me perseguía para darme muerte.

Veía hacia atrás y la gente con temor me perseguía, yo era como un toro endemoniado o al menos así me veían.

Ya cansada de tanto correr, una niña me abre la puerta de su casa, esta era grande y con muchas habitaciones frías de barro. Yo me tiro bajo una cama y me escondí allí varios minutos.

Luego me veo en una tienda donde me estoy cambiando el color de mi cabello y peinándome para un evento importante, debía llegar con mi familia y ya estaba lejos de la amenaza. En la ciudad donde estaba ahora ya nadie de ese pueblo llamado Jerusalem me buscaba o eso creía.

Entonces al salir de esa tienda veo gente que corre, eran niños huyendo, todos ellos muy asustados y yo los sigo para ayudarlos, entonces esa gente que me perseguía era la misma que atacaba a esos niños, mandándoles rebaños de cientos de ovejas hambrientas que se mezclaban entre los niños y se los devoraban.

Yo empiezo a correr con mayor velocidad recogiendo mi túnica para dar pasos más largos y llamando a los niños a que me sigan por el sendero derecho, el que era más empinado y rocoso pero que esas ovejas no podrían subir.

Algunos niños me siguieron, pero fueron pocos, el resto siguió al rebaño de ovejas que parecían mansas pero al mezclarse con ellas estas se comían a los niños. Ya no podía hacer más para salvarlos, ellos escogieron ese camino.

Corría y corría dando esperanza a los niños hasta que llegamos a la capital. Habían muchos edificios monumentales de arquitectura persa, eran muy altos, color arena y muros escalonados.

Entramos a la ciudad a través de angostos callejones y de pronto empezó a llover, eran gotas muy grandes y caían con mucha fuerza.

La gente de ese pueblo empezó a gritar desesperada diciendo que llegó el día del final. Yo no entendía porqué la desesperación de la gente y de pronto la lluvia empezó a inundar todo.

Entonces decidí trepar esos muros de arena y piedra, sabía que si subía a la azotea del edificio me salvaría. Solo 3 niños me siguieron a subir esos duros muros y cuando lo logramos vimos desde lo alto como la ciudad desaparecía entre las agua limpias de lluvia.

La azotea tenia charcos de agua pero no se inundaba. Yo trataba de no pisar los charcos. Allí arriba me encontré con un par de personas conocidas o al menos creían en mi. Me acompañaron a donde yo sentía que estaríamos a salvo.

Cuando llegamos a una plaza con jardines que estaba en la azotea del edificio paré de huir, sabia que allí estaba, estábamos a salvo. De pronto la tierra se empieza a mover, un gran terremoto dio inicio a la destrucción total de la capital y yo desde esa plaza que parecía flotar veía como los palacios se partían y desplomaban, pero el que me llamó más la atención fue el que estaba frente a mi, tenía una cúpula inmensa y hermosa que, con el brutal movimiento se partió y expulsó mucha agua de la lluvia que había acumulado cual reservorio.

Fue impactante ver tremenda destrucción que pasaba ante mis ojos y entonces me doy cuenta que yo solo veo a través de esos ojos, que no son los míos, ese no es mi cuerpo, no soy como me conozco ahora. Esa persona era un hombre de cabello largo y túnica y se llamaba Jeshua y extrañamente yo podía entrar en él y ver a través de él.

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