Pesadillas 4

viernes, 28 de febrero de 2014

Estoy sentada en un pozo de arena cubierta de agua cristalina y muy calmada, veo mis piernas flotando en ella y se siente mucha paz y tranquilidad. Estoy así muchos minutos disfrutando de la quietud y la soledad y de pronto me doy cuenta que en realidad las aguas están inundando mi ciudad.

Veo hacia mis costados y veo gente, sobretodo niños en otros pozos y jugando en ellos, al menos eso creía yo hasta que noté desesperación en sus rostros.

Me paro a observar bien el panorama, se veía un hermoso ocaso que me iluminaba y aguas pasivas y brillantes que me cubrían las piernas, mas todo a mi alrededor era caos.

La desesperación de la gente me contagió y me hizo buscar rápidamente a mi familia, corrí en busca de ellos y el agua cada vez se tornaba más violenta, el clima ya no era agradable, pareciendo más que se aproximaba una tormenta, el cielo se puso de color gris y bajó la temperatura.

Cerca mío estaba mi esposo y mi hermana menor, no encontraba a mi demás familia, entonces decidí no perder más tiempo y huir. (pensaba: mis padres estarán bien, mi hermana, mi sobrina, por favor protéjanse)

El agua nos llegaba a la altura del pecho, nos empujaba mucho, entonces cuando giro mi cabeza hacia la derecha veo una ola gigante que venía hacia nosotros. Agarré a mi hermana y a César y los jalaba en sentido opuesto, corriendo contra la corriente, contra la gente desesperada.

De pronto se forma otra ola igual de gigante que la anterior en el lado izquierdo hacia donde huíamos, pensé que ya no teníamos salvación, pude ver como las dos olas gigantes se chocan sobre nuestras cabezas, veo gente golpearse, cuerpo contra cuerpo, muertos, todos muertos, niños, mujeres, familias enteras.

Yo solo cerré los ojos esperando morir también pero sin soltarlos a ellos. Pasaron unos minutos y me di cuenta que podía respirar, estaba flotando, pero flotaba yo sola, sin ellos.

No había tiempo para pensar, empecé a nadar, tratando de salir de las aguas asesinas, era difícil, habían muchos cuerpos flotando y mis emociones al borde del colapso.

Y nadando llegué hasta la puerta de un edificio muy alto y muy antiguo de color verde, empujé la puerta de madera tosca y entre. Al cerrar la puerta pesada miré que César y mi hermana estaban tras mío, muy débiles, pálidos pero junto a mi.

Un anciano me vio entrar, creo que era el cuidante del edificio, vestía un saco de lana a cuadros y un pantalón de tela color verde, me miró con compasión y como si fuese un secreto entre nosotros, sólo miro hacia arriba señalando una torre con escaleras y se fue.

Inmediatamente entré en esa torre, me acomodé en la espalda una mochila negra que me señaló el señor y sin perderlos de vista a ellos, empecé a trepar la torre, habían partes con escaleras de madera muy vieja y sucia y tramos donde solo se podía subir si se trepaban los muros.

Cada nivel que subía verificaba que César e Ingrid estén a mi lado y que la mochila esté bien asegurada. La torre tenía 7 u 8 niveles, cada uno de ellos más difícil de llegar.

Cuando llegamos a la azotea habían 6 personas más, nos vieron y recibieron (algunos conocidos). En total eramos 9 personas a salvo en la cima de ese edificio y cada persona tenía una particularidad en especial, representaba una emoción específica.

Ya se hacía de noche y estábamos asustados porque pronto llegaría el último impacto y no sabíamos si íbamos a sobrevivir. Entonces decidí salirme del grupo para ir a buscar alimentos que me pareció ver en una habitación de un edificio contiguo.

César no quiso dejarme ir sola, entonces ambos saltamos las azoteas y descendimos hasta un octavo piso donde encontré una habitación abierta. A  hurtadillas entramos al lugar  puesto que había alguien en la habitación y yo presentía que era una persona negativa. 

Era un anciano muy parecido al que al inicio me permitió entrar, pero este tenía un rostro muy demacrado, como esperando morir.

La habitación tenía ropa vieja y rota tirada por el piso, algunas manchas de sangre, hacía mucho frío allí. César vio una bolsa de 9 panes cerca a él, las tomó y yo jalé un botellón de agua y salimos raudamente sin que el señor amargado nos vea.

El edificio empezó a temblar, ya era oscuro, ya estaban muy cercas las olas, ya las sentíamos en nuestro corazón. Corrimos entre las sombras y llegamos a la habitación donde el resto se había concentrado.

César les ofreció el pan que había encontrado pero una de las chicas al ver que el pan estaba seco lo despreció y lo tiró. Entonces yo abrí mi mochila, tenia dentro 9 panes dulces del día, (el pan para los míos) y se los entregué, la mujer caprichosa los vio y le dio un par de mordiscos, adueñándose de ellos. 

No había tiempo para discutir, no había tiempo para reclamar, las olas estaban a metros de nosotros, podíamos ver como se alzaban por encima de los edificios aplastándolos. Entonces cerré rápido la puerta, nos sentamos en círculo con las manos agarradas, apagué la luz y nos pusimos a "orar".

Luego de unos segundos de respiración agitada y temblores, se remueve todo el edificio y un gran golpe se escucha en la puerta.

¿Estamos muertos?, no lo sé...






Pesadillas 3

viernes, 14 de febrero de 2014

Estoy en un pueblo, me acompaña un amigo mío, ambos caminamos por las calles angostas y empedradas hasta encontrar un mercadillo.

Este se veía muy ófrico, muy antiguo. Mi amigo tenía hambre así que decidimos ingresar a ese lugar. 

La gente nos veía de forma extraña, quizás por que nuestras vestimentas eran muy distintas a las suyas, las que eran especie de túnicas viejas y de color café o colores sepia en su mayoría.

Pasábamos por los puestos de venta pero no veíamos comida en venta, mi amigo empezó a preocuparse un poco porque el mercadillo era bastante extraño y no vendían cosas conocidas. De pronto caminando miro hacia la izquierda y veo una señora con apariencia de bruja de cuento de hadas que me ofreció venderme agua. Habían 3 botellones de agua cristalina y aproximadamente 6 o 7 vasos transparentes con agua ya servida.

A mi amigo le ofrecí comprarle el agua en botellón, pero él decidió tomar solo un vaso porque no tenía mucha sed.

Al terminar de beber su vaso con agua decidimos salir prontamente de ese lugar incómodo y al salir, un señor vestido con un traje de gala pero muy descuidado, se acerca corriendo hacia mi y gritando: !DÍGAME LA VERDAD!

Yo estaba bastante confundida, no entendía de que hablaba y más aún cuando noté que el señor traía en su mano izquierda un cráneo con una vela encendida dentro de él.

Dígame lo que ve, me dice el señor, como si ese cráneo fuera una bola de cristal, ¡DÍGAME LO QUE VE! me repite sollozando. 

Yo miro el cráneo y veo como cartas de oráculo que salen de ella, cartas, 4 cartas de color morado que de pronto voltean hacia mí.

Veo la muerte le digo, veo la muerte. El señor cae de rodillas con la cabeza baja y el cráneo cae de sus manos rodando. ¡Lo sabía!, me dijo.

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